La organización de las salas de fitness ha ido adaptándose gradualmente en las últimas décadas a las necesidades de su público objetivo.

Salas de fitness en los 70 y 80

Durante los 70 y 80 el usuario habitual de las salas de fitness era el deportista en busca de rendimiento y el culturista.

Por ello, el equipamiento era fundamentalmente peso libre y poleas, además de multi-estaciones para trabajar todos los grupos musculares. Por su parte, el equipamiento cardiovascular era casi inexistente.

Salas de fitness en los 80 y 90

A partir de diferentes estudios institucionales y la labor de divulgación de los medios de comunicación, llega al público general información sobre los incontables beneficios de la actividad física para la salud. Por este motivo, la demanda cambia y los gimnasios y salas de pesas se convierten en centros de fitness.

Es un momento en el que los clientes aumentan de modo destacable, y en la década de los 90 las salas de fitness cuentan con una oferta del 50% muscular y del 50% cardiovascular, aunque todavía no se le daba la importancia debida al público que mayoritariamente ocupaba las salas.

Salas de fitness en los últimos 10 años

En los últimos años el público acude masivamente a las salas de fitness, y por este motivo el equipamiento se va adaptando gradualmente a un colectivo inexperto, con productos hechos de materiales más ligeros y resistentes, más ergonómicos y atractivos.

Las salas de fitness adquieren hoy en día un equipamiento que se adapta a las necesidades de su público objetivo, un equipamiento que depende del grado de experiencia y capacitación de quien va a utilizarlo.

Las salas de fitness buscan ofrecer a sus usuarios variedad de opciones que les permitan ir evolucionando de forma gradual.

Cómo se distribuye el equipamiento de las salas de fitness

Aunque aún hay salas de fitness que distribuyen su equipamiento por grupos musculares, la tendencia más vanguardista es la de seguir un criterio más orientativo que permita al usuario situarse en la sala.

Ofrecer al usuario una sala de fitness de fácil orientación contribuirá a la fidelización del cliente que, si se siente cómodo en ella, seguramente no optará por otra a corto plazo.

El criterio ideal es, por tanto, un equipamiento en base a objetivos o niveles de dificultad que permitirá al usuario orientarse correctamente. Se trata fundamentalmente de que las personas que no tienen experiencia vayan conociendo las máquinas, para qué se usan y en qué momento utilizarlas.

También es importante tener presente un criterio de control, y evitar así que quienes no estén preparados puedan lesionarse o utilizar aparatos que no se adapten a sus necesidades. Para ello es importante ofrecer atención al cliente sobre todos los equipamientos.

Algunas salas de fitness intentan ofrecer al cliente además algún tipo de valor añadido, como puede ser orientar el material de fitness a un paisaje, un circuito de TV… El objetivo final es hacer que el cliente se encuentre cómodo como en su casa, y que las salas de fitness se conviertan en espacios de socialización.

Deja una respuesta